LUZ EN LAS TINIEBLAS

Cuando lo tienes todo, o casi, crees que nada en la vida ha de cambiar. Crees que tu puedes cambiar porque tienes una base sólida donde moverte, donde bailar y donde tus raíces puedan profundizar hasta hacer de ti un árbol fuerte.

Pero de pronto, ves que casi lo tienes todo, pero has querido ignorar muchas cosas que permanecían ocultas en el rincón del olvido; ese donde arrinconas las cosas que te molestan, las pelusas, la mierda de la vida.

Porque, no nos equivoquemos, todos llevamos mierda dentro. Algunos la limpiamos y la echamos fuera. Otros la meten en un agujero y hacen como que no existe, hasta que termina por apestar.

Y de pronto pilares grandes y pequeños de tu vida se empiezan a tambalear y temes que la citada «miércoles» empiece a oler. Puedes elegir, entre ser la que dirija y ser la dirigida; puedes elegir entre conformarte y aceptar; o por contra, dirigir tu vida hacia el ambientador y el abrir la ventana y respirar el aire que elijas.

Puedes elegir entre «casi» dominar tu vida en la medida en la que la realidad lo permita; o » casi» ser una marioneta de la vida.
Este año ha sido complicado, y la cosa va a segur complicada, pero todo depende de quien quiera ser. ¿Quieres «casi» ser una pobrecita que se arrastra por las circunstancias? O por contra ¿quieres ser la que conduzca?

Como decía Melendi en su canción:

Cómo va a salpicarme la vida si salto los charcos
Casi es el silencio donde se esconde el valor
Es el prisionero de la duda
Casi es la semilla de la que nace la flor
Que queda en capullo de por vida
Casi vive siempre
Destemplado y a la espera
De algún movimiento inesperado
Es el epitafio más común en las esquelas
De aquellos que nunca lo intentaron

Cuando los pilares se tambalean; es mejor alejarse lo suficiente para que el derrumbe no te alcance; pero no tanto para no salvar a aquellos que tienen sus almas dentro; sin renunciar a tu esencia, como cuidadora de cuerpos y corazones.

Cuando construyes a lo largo de tu vida redes de amistad, puedes pasar de puntillas, «sin pisar los charcos» y por tanto, sin mojarte, y darlo todo; crear hogares y luchar por conservar su calor; hacer de tus amigos, de tus compañeros y de las personas que pasan por tu vida, gente que te importe de verdad; que cada cual se sienta única y querida, por muy de paso o insignificante que pueda parecer. Cada alma ha de brillar y sentirse querida.

A mí, se me puede acusar de millones de cosas, y casi todas ellas serán ciertas; pero creo, si algo no se me puede echar en cara es de quedarme destemplada sin intentar todo antes de quedarme en el casi. Personalmente soy de la corriente, de llegar siempre al final, a veces a costa de mi misma. Pero en esto último, creo, estoy en vías de solucionarlo; aunque crea que el equilibrio entre ambas cosas es posible.

También en mi profesión, quiero ser «sin casis», todo por mis compañeros, mas también por pacientes, por mi centro de trabajo y por jornadas interminables de quirófanos y guardias que realizo con cansancio pero con absoluta pasión y fidelidad.

Y así con dicha fidelidad, es como quiero seguir con mi carrera y mis proyectos, dando cada milímetro de mi ser a conocer lo mejor para mis pacientes; heridas crónicas y agudas, quirúrgicas y ostomías; porque ese es mi camino y lo que me apasiona. Y todo lo que conlleva, investigación y docencia, trabajo en equipo y asociaciones científicas; gracias a maestros como Don Federico. Pero también a mi lucha contra los casis.

Por eso, si sois mi gente, mi familia, mis personas hogar, mis amigos, mis compañeros, mis pacientes, mis vecinos; sobre todo si alguna vez has abierto tu corazón hacia mí; has de saber que lo haré todo de corazón, sin casis. Yo mi valor lo saco, no lo escondo, y como dice Melendi, los casis son los que provocan que los capullos no lleguen a flores.

¿Quieres ser de los que venga conmigo? Te daré mi corazón aunque no estés preparad@ para dar el tuyo.