Funcionalidad, continuidad y cuidado en la práctica rehabilitadora
Escribo desde el Hospital de Sagunto, desde la experiencia diaria y el pleno convencimiento de que muchas de las cosas que hacemos aquí funcionan precisamente porque se apoyan en nuestra forma concreta de entender la rehabilitación.

Escribo porque, como enfermera, sé que aquello que no se escribe ni se estructura corre el riesgo de diluirse, incluso cuando ha demostrado ser útil y transformar procesos, y nuestra forma de trabajar es desconocida por muchos y merece ser conocida y trasladad.
Sagunto no es un hospital terciario, ni pretende serlo.
No lo es en la clasificación administrativa ni en el imaginario habitual. Pero en la práctica cotidiana es un hospital de alta complejidad funcional, porque atiende a una población envejecida, con pluripatología, con fragilidad, dolor persistente y con trayectorias clínicas largas que rara vez son lineales. Personas que se caen, que se fracturan, que pasan por cirugías, que conviven con inflamación, con edema, con pérdida de equilibrio, fuerza y confianza.
Personas que no llegan a rehabilitación buscando mejorar un músculo concreto, sino mantener su vida lo más íntegra posible en un cuerpo que ha cambiado, recuperar su funcionalidad
En Sagunto, ni en ningún sitio, si me preguntas; la rehabilitación no puede plantearse como un acto técnico aislado ni como un episodio cerrado.
Aquí la rehabilitación es, un proceso que requiere continuidad, comprensión y acompañamiento; que avanza cuando se sostiene y que retrocede con facilidad cuando se fragmenta. Por eso, trabajar en este entorno permite ver con claridad el valor de una mirada amplia y estructurada, especialmente cuando la enfermería forma parte real del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación.
En muchos hospitales, incluidos centros de referencia, la enfermería no está integrada de forma estructural en los servicios de rehabilitación. Cuando esto ocurre, los aspectos relacionados con el cuidado, la educación terapéutica, la prevención y el acompañamiento quedan dispersos o dependen de voluntades individuales. La enfermera puede y debe cohesionar el proceso del cuidado.
En Sagunto, sin embargo, se tomó una decisión distinta. Bajo el liderazgo de la Dra. Ruiz Jareño, el Servicio de Medicina Física y Rehabilitación apostó por integrar a la enfermería como parte real del equipo. No como apoyo puntual ni como solución provisional, sino como reconocimiento explícito de que la rehabilitación mejora cuando se incorpora una mirada enfermera continuada y estructurada.
Mi incorporación al servicio —primero a media jornada y ahora en proceso de consolidación— responde a esa forma de entender la práctica. A la idea de que la funcionalidad no se recupera solo con ejercicio, que no se mantiene sin continuidad y que se protege mejor cuando alguien observa el proceso de forma global y sostenida. No llegué para reproducir esquemas previos, sino a crearlos, para ocupar un espacio que conecta la rehabilitación con la fragilidad, el riesgo de caídas, las fracturas por fragilidad, el linfedema, el dolor persistente, la piel, el entorno y la vida cotidiana.
La mirada FLS atraviesa gran parte de este trabajo, aunque no siempre se nombre de forma explícita. Porque la FLS no es solo un programa, sino una manera de pensar. Cada paciente que llega tras una fractura invita a mirar más allá del hueso lesionado y a preguntarse por el contexto que rodea a esa caída: qué factores siguen presentes, qué miedo se ha instalado, qué equilibrio se ha alterado y qué funcionalidad está ahora en juego. La fractura se convierte así en una oportunidad para prevenir, educar y proteger la autonomía futura.

En Sagunto atendemos con frecuencia a personas que se han caído más de una vez, que caminan con cautela excesiva, que reducen su actividad no por incapacidad, sino por temor. Cuando la rehabilitación incorpora este enfoque, los resultados cambian. Porque trabajar el miedo, la confianza corporal y el entorno es tan importante como mejorar la fuerza o el rango articular. El riesgo de caídas, entendido no como una escala aislada, sino como una realidad funcional cotidiana, es observar cómo una persona se levanta, gira, camina, se sienta, elige el calzado o describe su casa aporta información que ningún número por sí solo puede ofrecer. Abordar el riesgo desde esta perspectiva permite anticiparse y ajustar el proceso rehabilitador a la vida real del paciente.
El linfedema es otro de los ámbitos en los que esta mirada integrada resulta clave. En Sagunto atendemos linfedemas de miembros superiores e inferiores secundarios a cáncer, cirugía, patología vascular o inmovilidad prolongada. El linfedema condiciona el movimiento, genera dolor, afecta a la imagen corporal y dificulta la adherencia a largo plazo. Su manejo requiere continuidad, educación y seguimiento prolongado, aspectos en los que la enfermería desempeña un papel central. Y ¿por qué no recibir al paciente antes de instaurarse el posible linfedema y ayudar a evitarlo? Acompañar en la prevención y empoderar al paciente es la mejor forma de que encare su recuperación de forma proactiva, y no con tanto miedo o inseguridad.
Esta manera de entender la rehabilitación conecta de forma natural con el Concepto Rigo, que propone un abordaje integral de la escoliosis basado no solo en la corrección estructural de la curva, sino en la persona que la vive. Más allá de la exploración, los ejercicios específicos o el uso del corsé, este enfoque incorpora una mirada biopsicosocial que tiene en cuenta el impacto del diagnóstico y del tratamiento en la vida diaria, la imagen corporal y el bienestar emocional, especialmente en la adolescencia. En este contexto, aunque la enfermería no esté formalmente descrita como parte del método, su papel resulta plenamente coherente y necesario: acompañar cómo se siente el adolescente, cómo afronta el uso del corsé, cómo integra el tratamiento en su rutina y cómo se sostiene la adherencia a largo plazo. Es una forma de rehabilitar que no se limita a tratar una columna, sino que cuida a la persona en todo su proceso de desarrollo y adaptación.
Todo ello convive, además, con el dolor persistente, un dolor que no siempre desaparece cuando se corrige el gesto biomecánico. Un dolor que influye en el movimiento, el descanso, el estado de ánimo y la implicación en la rehabilitación. Acompañar a la persona en la comprensión y el manejo de ese dolor forma parte del proceso rehabilitador cuando se entiende de manera integral. Un proceso de dolor no solo consiste en el dolor «físico» sino en la pérdida de calidad de vida, en el miedo y el desánimo, En el dolor persistente, la noción emocional suele quedar secuestrada por la amenaza: el cuerpo es peligroso y cualquier señal de dolor es percibida como alarma, lo que nos conduce inevitablemente a la fatiga, la kinesiofobia y la catastrofización.
El tratamiento ha de conducir necesariamente a devolverle su vida al paciente a todos los niveles, físico, mental y anímico, hemos de acompañarlo en el «arranque tras la avería», de lo contrario no estamos «curando» el dolor, sino condenando al paciente a vivir bajo su mandato; a esperar a que aparezca en vez de enseñar al paciente a como puede «armarse» de herramientas para que sea más difícil que ello ocurra: dieta, ejercicios de fuerza muscular, «entrenamiento» físico y mental.
Herramientas en definitiva, que fortalezcan cuerpo y mente, poniendo barreras al dolor
Desde la neurociencia actual sabemos que muchos procesos que atendemos en rehabilitación —dolor persistente, fatiga, alteraciones del control motor, dificultades en el aprendizaje del movimiento o en la adherencia— no se explican solo por el estado del tejido periférico, sino por mecanismos de modulación central y plasticidad cerebral. En este marco, la estimulación eléctrica transcraneal (tES), tanto en modalidad estacionaria como domiciliaria, se sitúa como una herramienta de neuromodulación no invasiva que puede facilitar cambios en la excitabilidad cortical y en las redes implicadas en el dolor y el movimiento. Su interés no reside únicamente en el dispositivo, sino en su integración dentro de un plan rehabilitador basado en la neurociencia, donde la estimulación actúa como facilitador del reaprendizaje y de la modulación del dolor, especialmente cuando se combina con ejercicio terapéutico, educación y abordajes activos. En este contexto, la enfermería resulta clave para traducir la intervención neurocientífica a la experiencia real de la persona: acompañar cómo se perciben los cambios, monitorizar tolerancia y respuesta, reforzar la adherencia —especialmente en el entorno domiciliario— y ayudar a integrar la terapia en la vida cotidiana. De nuevo, no se trata de aplicar una técnica aislada, sino de aprovechar la plasticidad cerebral dentro de un proceso rehabilitador coherente, seguro y centrado en la persona.
Este mismo espíritu intervencionista se va construyendo, día a día, en la incorporación cuidadosa de la medicina regenerativa dentro del Servicio de Rehabilitación de Sagunto, no como una ruptura con la práctica clínica habitual, sino como una ampliación razonada de las opciones terapéuticas cuando el contexto clínico lo aconseja. El plasma rico en plaquetas (PRP), junto con la posible integración progresiva de otros concentrados autólogos y factores de crecimiento, se enmarca en planes de tratamiento pensados para favorecer la recuperación tisular y aliviar el dolor, manteniendo siempre la funcionalidad como referencia central. En este proceso, la enfermería participa de forma activa desde el inicio, ocupándose de la extracción y el procesamiento de la sangre con la atención y la precisión que requiere cada procedimiento, mientras que la administración corresponde al médico rehabilitador, dentro de un equipo cohesionado que navega hacia un mismo objetivo funcional. Más allá de la técnica concreta, esta manera de trabajar refleja un servicio que entiende la intervención y el cuidado como partes inseparables de un mismo gesto clínico, orientado a acompañar procesos de recuperación reales, sostenidos y coherentes en el tiemp.
Por eso mi trabajo no se define por una lista cerrada de tareas, sino por estar en el proceso: valorar la funcionalidad real, detectar cuándo algo se estanca, prevenir complicaciones, traducir el lenguaje sanitario a algo aplicable y conectar piezas que, de otro modo, quedarían separadas. Esa continuidad es la que permite que los avances se consoliden. esta continuidad asegura también, la trazabilidad de los fármacos, instrumentos y procesos.
De ahí la importancia de consolidar una cartera de servicios de enfermería propia dentro de la Unidad de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital de Sagunto. No como un documento burocrático, sino como una herramienta para proteger lo que ya funciona y facilitar que pueda mantenerse y replicarse. Una cartera que integre de forma natural la valoración funcional, el abordaje del riesgo de caídas, la mirada FLS, el manejo del linfedema, la prevención de complicaciones, la educación terapéutica y la continuidad asistencial, sin olvidar por supuesto, nunca, las tareas técnicas de la profesión.
Sagunto es un entorno especialmente adecuado para desarrollar este modelo porque permite ver con claridad el impacto de cada decisión. Aquí se aprecia cuándo un proceso se debilita por falta de acompañamiento y cuándo se sostiene porque hay continuidad.
No somos un hospital grande, pero sí un hospital real, y precisamente por eso lo que funciona aquí puede inspirar a otros contextos similares, y lo que no, por supuesto, también.

Escribo todo esto, no para personalizar un modelo ni vincularlo a una persona concreta, sino para contribuir a que tenga nombre, estructura y recorrido. Antes al contrario, defenderlo y escribir los procesos, descentraliza y despersonaliza las tareas, porque mi sueño sería que el modelo se expandiera.
Porque funciona, porque los pacientes lo perciben y porque la rehabilitación, cuando se entiende como proceso integral, deja de ser un lugar incompleto para convertirse en un espacio de cuidado coherente y eficaz.
Y eso, más que proclamarse, merece explicarse con calma. y afirmar que, sin ningún género de dudas, estoy orgullosa de ser enfermera de rehabilitación y medicina física.