Maribel Pastor Orduña · octubre de 2026
Trabajo en un servicio de Rehabilitación y sé lo que imagina la mayoría cuando lo nombro: una sala con espalderas, muchos pacientes haciendo ejercicios y poco más. Lo imaginan los pacientes, los gestores y no pocos compañeros de otras especialidades, y esa imagen no es inocente, porque de ella dependen las derivaciones que no llegan, las plantillas que no crecen y los pacientes que pierden función mientras esperan algo que nadie sabía que existía. En la red pública española trabajaban en 2023, 1.630 médicos rehabilitadores, 3,46 por cada 100.000 habitantes, mientras la Organización Mundial de la Salud estima que 2.410 millones de personas viven con una condición que se beneficiaría de rehabilitación. Escribo esto para contar lo que hacemos médicos y enfermeras en Rehabilitación, con la norma en la mano, porque lo que no se conoce no se defiende. Y créanme, todos necesitamos que estos servicios funcionen como un reloj suizo, porque en un momento u otro de nuestras vidas, todos lo necesitamos.
Una especialidad que diagnostica la incapacidad

La Orden SCO/1261/2007 define la Medicina Física y Rehabilitación como la especialidad médica a la que concierne el diagnóstico, evaluación, prevención y tratamiento de la incapacidad, encaminados a facilitar, mantener o devolver el mayor grado de capacidad funcional e independencia posibles, y le atribuye como competencia propia el diagnóstico funcional y de discapacidad.
Detrás de esa definición hay un arsenal que casi nadie asocia al rehabilitador. Explora con ecografía músculos, tendones y articulaciones, interpreta estudios electromiográficos y neurofisiológicos, mide la fuerza con dinamometría isocinética y la capacidad aeróbica con ergometría y análisis de gases, estudia la marcha, la postura y el equilibrio, valora la deglución, la voz y el lenguaje, y cuantifica el daño corporal. alivia el dolor, y devuelve en la medida de sus opciones, que son muchas, la funciónalidad perdida.
Con esa valoración en la mano, el rehabilitador infiltra bajo guía ecográfica el hombro doloroso, la columna o la articulación degenerada, bloquea nervios y aplica radiofrecuencia sobre el dolor que no cede, inyecta toxina botulínica en la espasticidad tras un ictus, en la parálisis cerebral infantil o en la parálisis facial, y aplica ondas de choque en las tendinopatías.
Prescribe ortesis, prótesis y ayudas técnicas, diseña programas de ejercicio terapéutico con la precisión de una pauta farmacológica y, por mandato de su propio programa, coordina el equipo interdisciplinar de rehabilitación, del que formamos parte enfermeras, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y logopedas (estos dos últimos, en mi hospital no, que es comarcal, y no nos llega el presupuesto).
Según la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física, menos de la mitad de los pacientes que pasan por su consulta acaban derivados a fisioterapia, lo que basta para desmontar la idea de que el rehabilitador se limita a recetar sesiones.
Dónde trabaja

Todo eso se despliega en ámbitos que pocos sospechan que dependen de Rehabilitación. Somos sin duda, de las especialidades menos conocidas.
La propuesta de reordenación de servicios de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF) incluye la neurorrehabilitación del daño cerebral adquirido, el ictus y la lesión medular, la rehabilitación musculoesquelética, la cardíaca y la respiratoria, la infantil y la geriátrica, y un capítulo de áreas específicas que aúna el dolor, el linfedema, el suelo pélvico, la voz, el habla, el lenguaje y la deglución, el paciente amputado, el quemado, el trasplantado, el oncológico y el crítico, los trastornos del equilibrio, la biomecánica y el intervencionismo.
Las carteras de servicios publicadas por los propios servicios de salud lo confirman sobre el terreno, con consultas de pie diabético (ojalá yo tuviera una), unidades de referencia de lesión medular, rehabilitación respiratoria en la fibrosis quística o el trasplante hepático, y unidades de espasticidad infantil compartidas con neuropediatría. La Rehabilitación no es un lugar del hospital: atraviesa casi todos.
La función de un órgano no es la capacidad de una persona

La función de un órgano frente a la capacidad de una persona
Dentro del hospital persiste otro olvido, más sutil: confundir la función de un órgano con la capacidad de una persona. Cada especialidad se ocupa legítimamente de la función de su territorio, y así lo recogen sus programas oficiales. El de Cirugía Ortopédica y Traumatología (Orden SCO/226/2007) abarca el seguimiento hasta el restablecimiento funcional definitivo de los procesos del aparato locomotor. El de Neurología (Orden SCO/528/2007) estudia la estructura y la función del sistema nervioso e incluye las técnicas de tratamiento de la espasticidad.
El de Neurocirugía trata las afecciones orgánicas y funcionales del sistema nervioso y el dolor. El de Medicina Familiar y Comunitaria (Orden PJC/798/2024) incluye la valoración funcional del mayor y del paciente inmovilizado, el manejo del dolor crónico, la ecografía musculoesquelética y las infiltraciones.
Pero solo una especialidad tiene por objeto la incapacidad misma, venga de donde venga, y esa especialidad es la Medicina Física y Rehabilitación.
El propio programa de Traumatología lo reconoce cuando ofrece a sus residentes una rotación por Rehabilitación (o al menos, todos los planes formativos dignos de serlo, deberían incluir esta rotación) para aprender discapacidad, ortesis y prótesis, y los de Neurología y Neurocirugía citan a la Rehabilitación como campo común.
El traumatólogo repara la fractura, el neurocirujano libera la raíz, el neurólogo trata el ictus y el médico de familia acompaña al paciente durante años, pero lo que queda cuando todo eso termina, la mano que no cierra, la marcha que no vuelve o la deglución que falla, tiene especialista propio. Tampoco es cierto que todo dolor sea de Rehabilitación. El protocolo de patología musculoesquelética de nuestra propia Conselleria de Sanidad reserva Medicina Física y Rehabilitación para la patología mecánica que no responde a tres meses de tratamiento en atención primaria, deriva la de baja complejidad a la fisioterapia de primaria, envía a Traumatología lo que ha agotado el tratamiento conservador y a Reumatología las enfermedades reumáticas crónicas, e incluye a la enfermera familiar y comunitaria, con sus diagnósticos NANDA, en el manejo integral del paciente. Derivar a Rehabilitación cualquier dolor sin déficit funcional alarga una lista de espera en la que aguardan personas con un ictus, una lesión medular o una amputación, para quienes cada semana cuenta.
Por qué hace falta un médico al frente de la rehabilitación
El argumento más sólido a favor del rehabilitador no es corporativo, es clínico. El Libro Blanco de la Medicina Física y Rehabilitación en Europa, elaborado por las instituciones europeas de la especialidad, la define como la especialidad médica primariamente responsable de la prevención, el diagnóstico médico, el tratamiento y la gestión de la rehabilitación de personas de todas las edades con condiciones de salud discapacitantes y sus comorbilidades. Esa última palabra lo explica casi todo. El paciente que se rehabilita no es un cuerpo sano con una lesión aislada: es una persona anticoagulada, diabética, cardiópata u osteoporótica, con fármacos que interactúan, con complicaciones que aparecen a mitad del proceso y con contraindicaciones que obligan a detener, modificar o intensificar el tratamiento. Decidir cuánto ejercicio tolera un corazón, si un hombro admite una infiltración o si una espasticidad merece toxina es un acto médico, y por eso el programa español de la especialidad le encomienda la coordinación del equipo interdisciplinar.
La evidencia respalda ese modelo de rehabilitación organizada bajo dirección médica.
La revisión Cochrane sobre fractura de cadera en mayores, que define la rehabilitación multidisciplinar como la prestada por un equipo supervisado por un geriatra, un médico rehabilitador u otro médico adecuado, encontró con certeza moderada que este modelo evita aproximadamente 41 malos resultados, muerte o pérdida de la vida independiente, por cada 1.000 pacientes.
La revisión Cochrane sobre la atención organizada del ictus calculó que, por cada 100 pacientes atendidos en unidades organizadas y multidisciplinares, hay dos supervivientes más, seis personas más viviendo en su casa y seis más viviendo de forma independiente al cabo de un año.
Y la revisión Cochrane sobre rehabilitación cardíaca basada en el ejercicio mostró una reducción del 42 % de los ingresos hospitalarios por cualquier causa y del 28 % de los infartos en el primer año, con un perfil de coste-efectividad favorable.
La rehabilitación no es un complemento amable: cambia dónde y cómo vive la gente.
El mandato político también existe. En mayo de 2023 la Asamblea Mundial de la Salud aprobó su primera resolución sobre el fortalecimiento de la rehabilitación en los sistemas de salud, que pide integrarla en la cobertura sanitaria universal, en la atención primaria y en los planes nacionales de salud. Frente a ese mandato y a una necesidad que la propia OMS cifra en 2.410 millones de personas, la red pública española cuenta con 3,46 rehabilitadores por cada 100.000 habitantes. Cada consulta que se ocupa de un dolor sin déficit funcional, y cada competencia del rehabilitador que otro asume sin su formación, resta tiempo a quien más lo necesita.
Una medicina que salva vidas y abandona a los vivos
Hay una medicina que sale en los telediarios: la que trasplanta, la que desobstruye una arteria contra el reloj, la que devuelve el latido a un corazón parado. Y hay otra que no sale nunca, porque su trabajo empieza cuando la noticia ya ha terminado.
Es la medicina de lo que queda: de la mano que no cierra, de la palabra que no llega, de la cadera que ya no sostiene, del brazo que se hincha en silencio meses después de vencer al cáncer. Esa medicina tiene nombre, Medicina Física y Rehabilitación, y lleva demasiados años trabajando con las manos atadas.
Lo denuncio con cifras, porque las cifras no admiten adjetivos. En junio de 2023 la red pública contaba con 1.630 médicos rehabilitadores, el 1,09 % de todos los especialistas del Sistema Nacional de Salud: 3,46 por cada 100.000 habitantes.
Su propia sociedad científica reclama al menos cuatro, y alcanzarlos exigiría unos 250 más, un 16 % de la plantilla actual. Pero la plantilla no solo es escasa: envejece. Uno de cada seis rehabilitadores tenía sesenta años o más, de modo que en pocos años unos 270 dejarán su consulta sin que nadie haya previsto quién la ocupa. Y a la escasez se suma una geografía de la injusticia: entre Baleares y Castilla-La Mancha la dotación por habitante se duplica, y el código postal decide, en parte, cuánta vida recupera quien sufre un ictus.
Denuncio también lo que esas cifras esconden. Que el cerebro lesionado tiene un tiempo de recuperación que no espera a que se libere una agenda. Que la espasticidad de un niño con parálisis cerebral avanza cada mes que no se trata. Que el hombro congelado, la cadera rota o el linfedema no se curan solos mientras aguardan turno. Que cada semana de demora se convierte en dependencia, y que la dependencia se paga dos veces: en el sufrimiento de quien la padece y en el agotamiento de quien lo cuida. Que un tumor cerebral escondido en un cuadro vertiginoso, se pierde en las listas de espera intolerables.
Y denuncio, sobre todo, una cultura sanitaria que mide el éxito en supervivencia y olvida medirlo en vida, y en la cantidad de la misma.
Un sistema que forma cada año a los mejores cirujanos y a los mejores intensivistas para rescatar a un paciente del borde de la muerte, y después no tiene quién le enseñe a ese mismo paciente a levantarse de la cama, ha hecho solo la mitad de su trabajo, y la otra mitad la paga el paciente. Lo he visto demasiadas veces: la persona que sale del hospital curada en el informe y rota en su casa.
La Asamblea Mundial de la Salud lo votó en 2023: la rehabilitación debe integrarse en la cobertura sanitaria universal, en la atención primaria y en los planes nacionales de salud. No es una petición gremial, es un mandato. Pedir más médicos rehabilitadores no es pedir más consultas: es exigir que alguien se haga cargo de lo que queda cuando la enfermedad se ha ido y la vida no ha vuelto. Escribió Machado que se hace camino al andar. Hay miles de personas en este país esperando a que alguien les devuelva el andar.
La enfermera de Rehabilitación

Si el rehabilitador es desconocido, la enfermera de Rehabilitación vive directamente en la sombra, porque ni siquiera existe como especialidad: el Real Decreto 450/2005 creó siete especialidades de enfermería y ninguna se refiere a la rehabilitación. Nuestra base normativa es otra.
La Orden CIN/2134/2008, que fija las competencias del grado en Enfermería, nos encomienda dirigir, evaluar y prestar los cuidados integrales de enfermería y realizar las técnicas y procedimientos que los integran, y lo hacemos con un lenguaje propio y estandarizado: formulamos diagnósticos con la taxonomía NANDA-I, planificamos intervenciones con la NIC y medimos resultados con la NOC. La Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física nos sitúa en el equipo interdisciplinar ocupadas de la acogida, la prevención de úlceras y caídas, el cuidado nutricional, el soporte a los programas de disfagia y la atención en el hospital de día y en el domicilio.
Mi día a día va más allá. Recibo las derivaciones en un cribado conjunto con el médico. Preparo a cada paciente antes del procedimiento revisando su analítica, su anticoagulación y sus alergias, y le explico qué va a ocurrir y qué precauciones debe tomar.
Mido su dolor y su función con escalas validadas antes y después de la técnica, porque sin ese dato nadie podría afirmar que ha servido, hago el seguimiento, educo en el manejo del dolor y acompaño el tránsito entre el procedimiento y la vida cotidiana, que es donde se decide si el resultado dura.
Las revisiones de la literatura sobre intervenciones de autocuidado lideradas por enfermeras en dolor crónico muestran mejoras en la intensidad del dolor, la calidad de vida, la ansiedad y la depresión; son efectos modestos, pero son nuestros, y casi nunca figuran en ninguna cartera de servicios.
El vendaje, la piel, el muñón y el linfedema

Antes del vendaje, la piel: capas de la piel bajo un vendaje de compresión

Hay un terreno donde la confusión de papeles es especialmente visible, el del vendaje terapéutico, y conviene decir con honestidad lo que dice la norma: ninguna norma estatal reserva el vendaje a una profesión.
La Orden CIN/2135/2008 atribuye al fisioterapeuta la presoterapia y las terapias derivadas de agentes físicos, y la compresión es un agente físico; la Orden CIN/2134/2008 nos atribuye a las enfermeras la dirección y la evaluación de los cuidados.
Por eso el argumento no es quién tiene derecho a vendar, sino quién responde de la piel que se venda. Un vendaje sobre un linfedema con la piel frágil, sobre una úlcera o sobre un muñón recién intervenido es, antes que nada, un acto de cuidado de la integridad cutánea, y la valoración que decide si esa piel tolera la compresión, con qué presión y durante cuánto tiempo es enfermera.
En el paciente amputado el reparto está claro en sus extremos: la prescripción de la prótesis corresponde al médico rehabilitador, que la tiene en su programa formativo, y el cuidado de la herida quirúrgica y de la piel del muñón corresponde a la enfermera.
Entre ambos queda el vendaje que conforma el muñón para prepararlo para la prótesis, que en la práctica hacen enfermeras y fisioterapeutas. En el linfedema ocurre algo parecido, porque la terapia descongestiva no es solo drenaje: comprende la compresión, el ejercicio, la educación y, sobre todo, el cuidado de una piel expuesta a la infección y a la herida. La medición del volumen, la prevención de la celulitis, la elección y el seguimiento de la prenda de compresión y la enseñanza del autocuidado son cuidados, y los cuidados son nuestros.
El fisioterapeuta: la mejor prensa y sus límites

Hay una paradoja que conviene nombrar sin acritud.
De todo el equipo, el fisioterapeuta es quien goza de mejor prensa: es la cara visible de la rehabilitación, la que el paciente identifica y recomienda, y esa visibilidad es en buena parte merecida. Pero a veces se acompaña de un desplazamiento de papeles que no beneficia a nadie.
La Orden CIN/2135/2008 le reconoce la valoración del estado funcional, la valoración diagnóstica de cuidados de fisioterapia y el diseño de su plan de intervención, y nadie discute ese terreno.
Del mismo modo que la enfermera diagnostica con NANDA, el fisioterapeuta describe la función alterada, y su referencia internacional es la Clasificación Internacional del Funcionamiento de la OMS, una clasificación que no pretende nombrar enfermedades.
El diagnóstico codificado en la CIE, el pronóstico de la lesión y la indicación del tratamiento corresponden al facultativo responsable, y la propia World Physiotherapy establece que, cuando los hallazgos exceden su ámbito, el fisioterapeuta debe derivar al profesional adecuado.
Cuando un fisioterapeuta le dice al paciente qué tiene, cuánto tardará en curarse o que la pauta del médico no sirve, no está ejerciendo una competencia propia: está ocupando la de otro, y casi siempre a costa de la confianza del paciente en quien lo diagnosticó.
Enfermeras y fisioterapeutas somos profesiones de grado, con papeles distintos y el mismo nivel, y a ninguna de las dos le corresponde desautorizar una prescripción facultativa ante el paciente.
La Ley 44/2003 reconoce a todas las profesiones sanitarias plena autonomía técnica y científica, y por eso discrepar es legítimo; pero la misma ley organiza el trabajo del equipo según el conocimiento y la competencia de cada miembro, y de ahí se sigue que la discrepancia se lleva al médico que firmó la prescripción, no a la camilla. Un equipo que se respeta no compite por la autoridad: la reparte según lo que cada cual sabe hacer.
Lo que se pierde cuando no se sabe
Reivindicar la Rehabilitación no es pedir más ejercicios: es exigir que la función entre en la conversación clínica con el mismo peso que la supervivencia, que las plantillas se dimensionen para una población que envejece y que cada profesional del equipo haga lo que la norma le encomienda y lo que sabe hacer. Sobrevivir no basta. Vivir es urgente, y vivir es poder moverse, valerse y decidir.
Nada de esto es accesorio, y su desconocimiento tiene un precio que pagan los pacientes. Cada persona con espasticidad que no llega a tiempo a la toxina, cada hombro que se cronifica esperando un diagnóstico, cada muñón que no se prepara y cada linfedema que nadie mide es discapacidad que pudo evitarse.
Fuentes
- Orden SCO/1261/2007, de 13 de abril, programa formativo de Medicina Física y Rehabilitación. BOE de 8 de mayo de 2007.
- Orden SCO/226/2007, de 24 de enero, programa formativo de Cirugía Ortopédica y Traumatología.
- Orden SCO/528/2007, de 20 de febrero, programa formativo de Neurología.
- Programa oficial de Neurocirugía, BOE n.º 77, marzo de 2008, citado en la guía formativa de Neurocirugía (2022).
- Orden PJC/798/2024, de 26 de julio, programa formativo de Medicina Familiar y Comunitaria.
- Orden CIN/2134/2008, de 3 de julio, requisitos del título de Enfermero.
- Orden CIN/2135/2008, de 3 de julio, requisitos del título de Fisioterapeuta.
- Real Decreto 450/2005, de 22 de abril, sobre especialidades de Enfermería.
- Ministerio de Sanidad. Cartera común: rehabilitación en pacientes con déficit funcional recuperable (RD 1030/2006).
- Barber P, González López-Valcárcel B. Informe de necesidad de médicos especialistas en España 2023-2035. Ministerio de Sanidad; 2024.
- Cieza A, et al. Global estimates of the need for rehabilitation based on the Global Burden of Disease study 2019. Lancet. 2020;396:2006-17.
- SERMEF. Propuesta de reordenación de servicios de rehabilitación y medicina física. Actualización 2018.
- SERMEF. Comunicado sobre el acceso directo a fisioterapia. Diciembre de 2022.
- Osakidetza. Cartera de servicios de Rehabilitación. 2024.
- Conselleria de Sanidad. Protocolos Clínicos y Criterios de Intervención en Atención Primaria CV 2024. Patología Musculoesquelética. Generalitat Valenciana; 2024.
- World Physiotherapy. Policy statement: Description of physiotherapy. 2023.
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- Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias, arts. 4.7, 7.2 y 9.
- White Book on Physical and Rehabilitation Medicine in Europe. Chapter 1. Definitions and concepts of PRM. Eur J Phys Rehabil Med. 2018;54(2):156-65.
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