AURORA SE ENCUENTRA CON HADES

Cuando me llamaba Aurora, era una chica feita, chiquitita y algo rellena. Tenia una nariz ganchuda y respingona al tiempo; lo que hacía que junto a mis ojos asimétricos, mi cara pareciera una pintura de Picasso.

Pero era una muchacha feliz, empática e inteligente. Ansiosa de vivir, y aunque algo reservada, tenia buenos amigos. Mi risa alborotada llenaba a cada rato; aquellas estancias por las que pisaba.

Un día de pronto todo empezó a torcerse; fui a hablar con él, como cada día en el trabajo, él al que amaba con todas mis fuerzas. Pedro, que se así se llama el que será la primera víctima; había sido amigo de mi familia, de mi padre hasta que murió, y fue hasta aquel día mi amante; el hombre al que más he amado en mi vida.

Ahora, el amor se transformará en muerte, la más cruel.

Quedan horas… horas para que él vaya hasta donde se merece que no es otra parte que el infierno más caliente.

Bueno, no debo dejar de contarte mi historia, porque si en uno de los diez asesinatos que voy a cometer; muero yo misma, alguien ha de saber porque lo hice, y si por una mala suerte, me quedaran víctimas por ajusticiar, te dejaré una carta con sus nombres para que les digas la suerte que han tenido.

Nuestro amor, comenzó un día de lluvia, diluviaba en Valencia, y me acercó en coche a mi casa en las afueras, en uno de esos pisos antiguos y de techos altos, que pinté yo misma al comprarlo por cuatro pesetas. Todo amueblado y vestido de Ikea; es una casa modesta pero con muchas posibilidades… y con mucho amor, cada tornillo de cada mueble cimentaba un proyecto de futuro sólido e independiente.

Subió a casa a secarse, tras empeñarse, tozudo, en acompañarme hasta el zaguán para que no me mojase; era lo que se daba en llamar un caballero de los de antaño, para lo bueno y lo malo, aunque yo solo era capaz de ver lo bueno. Sus cabellos aun abundantes, eran plateados y brillantes, y sus ojos azul zafiro.

Tras admirar mi casa, no se muy bien como, supongo que en mi candidez juvenil, ya que apenas tenia veinte años; no lo supe ver, esas burdas artes de conquista, admiró cada milímetro de mi cuerpo, que pese al odio que ahora le tengo no puedo dejar de recordar aquella noche sin un escalofrío de placer.

Ello desencadeno una pasión desenfrenada que duró años en los que a pesar de no convivir; fuimos una pareja entregada a un amor profundo y sincero. En el trabajo no nos hablábamos como amantes sino con el cariño que nos había unido toda la vida, y a nadie le extrañó que empezáramos a salir juntos de la oficina; aunque no llegaramos nunca al mismo tiempo.

Esto acaba como acaba todo; nuestro amor fue bonito, puro mientras duró. Pero su precipitado final fue tan común y tan sucio que a mis veinticinco años he envejecido diez. Porque estoy llena de rencor.

La cosa empezó como finalizan todas; con un viaje de negocios para abrir una nueva sede del bufete en la capital del España; muchas horas, mucho trabajo, pero con una gran proyección para mí.

Yo me quedaba al frente de la firma aquí en la ciudad… y sucedió en Madrid lo que tenia que suceder, que no era yo la mujer de su vida…

Aun recuerdo como si fuera ayer, el día que me lo dijo, que yo no era el amor de su vida, me cedió todo el negocio de Valencia, en un acto de gran generosidad por su parte, y abandonó mi vida, sin darme la oportunidad siquiera de llorar y de discutir. Solo se fue sin girar la cabeza.

Han pasado cinco meses en los que las otras nueve personas, no han hecho mas que ahondar el hoyo que él excavó. Cinco meses en los que he preparado este asesinato. Cinco meses en los que Hades se ha apoderado de Aurora, hasta que la ha tirado de este cuerpo.

Te voy a matar mañana Pedro, en un hotel de Madrid frente a la casa donde vives con esa zorra, y a ella la matare tras hacer lo propio contigo, porque ella también se daba en llamar mi amiga, mi mejor amiga decía ella. Se jactaba de compartirlo todo conmigo, claro; hasta que me arrebató el corazón… Pedro y María morirán mañana, y luego me quedarán ocho muertes más. Ya te lo contaré después de hacerlo, porque de lo ocntrario podrías intentar detenerme, y eso te traería una muerte segura, y yo no quiero que tu mueras…