CON EL CORAZON EN LA MANO II

Naci, soy y moriré española.

Y si lo sigo siendo es porque la Seguridad Social, y los facultativos que en ella trabajan, con todos sus medios a un precio francamente ridículo, me salvaron la vida. Me salvaron la vida al nacer, y me la han salvado mil veces mas a lo largo de la misma.

Ultimamente me enervan muchas cosas; la crisis está sacando lo peor de la gente y le está haciendo perder la perspectiva hasta un punto de radicalización insoportable.

Pero esto ya viene de muy atrás. Yo he pasado muchísimas horas en un hospital público, tantas que son media vida. He vivido muchísimas horas en una sala de espera de «Urgencias» intentando explicarle a un residente de familia recién salido de la carrera que sí, que mi enfermedad existe, que no me la invento. Muchísimas horas hasta que el hematólogo de guardia se ha levantado de la cama y me ha pautado una medicación que ya viene en mi historia clínica; y todo eso me ha pasado porque un señor decidió que todos debíamos pasar por urgencias.

Todo esto lo pasaba claro, con mi madre; a quien le pido perdón por haberle dado tantos sustos. Por haberla hecho pasar tantas penurias. A mi padre también por supuesto.

Claro que ahora, podría haberme abortado… porque ella hubiera sido dueña de su cuerpo… y yo no le hubiera dado ningún disgusto, ni ninguna alegría (que alguna le habré dado a la pobre mujer). Pero eso, es otra guerra…

He pasado miles de horas en una policlínica… esperando durante horas a que me llamaran, a las múltiples consultas a las que mi enfermedad(es) me llevaba.

Y ¿saben qué? Jamás me he quejado; aunque si lamentado sobre todo si me dolía. Y durante toda mi vida, me ha exasperado la gente que no sabe lo que tenemos en España.  Que si vaya mierda de seguridad social; que llevo cinco horas esperando; que esto en la medicina privada no pasa; que si con lo que llevo cotizado a la seguridad social esto es una vergüenza; que si fijáte que hay cinco meses de lista de espera; que si mira que tengo que compartir habitación; que si no me han dado todas las recetas que le he pedido… hasta el infinito y más allá.

A mi me trajeron al mundo en un hospital privado. Mi padre, vio desesperado como yo sufría la misma hemorragia que padeció  mi hermano, y que no supero porque allí no supieron tratar. Me envolvió en una manta y me llevo a La Fe, allí me diagnosticaron y aunque no le dieron muchas esperanzas me trataron con ahínco y denuedo; durante meses, y luego años… hasta hoy, pusieron todos los medios y lo lograron.Todo esto hasta que me fui a operarme a los Estados Unidos, porque debían practicarme una técnica que aquí no existía. Ellos pusieron en duda el diagnóstico aplicado en España, hasta que lo confirmaron, no se lo creían y decían desdeñosos que esos españoles no sabían lo que decían… Y los americanos que se atrevieron a poner en duda ese diagnóstico, resulta que estaban aplicando un tratamiento primitivo, porque no conocían el que me estaban poniendo en casa desde hacia dos o tres años. Vaya por Dios…aun tardaron tres años más en poderlo aplicar allí, para quien lo pueda pagar, que son pocos.

He ido a esa clínica en cuatro ocasiones. Todo espectacular, desde que entras hasta que sales, incluidas las salas de espera donde pasabas horas y horas (si, si allí también hay esperas eternas), impecable, el trato al paciente, la eficiencia al hacerte las pruebas… todo. Hasta el cajero, sonríe de forma dulce y eficiente mientras te cobra una suma desorbitante de dinero y que cuando lees «the bill» te das cuenta de que han apuntado hasta la última gasa que te han aplicado.

Yo, ahora que aspiro a ser una buena profesional del ramo sanitario, en función enfermera, desearía trabajar allí, porque están a la ultima en todo; o en casi todo. Pero yo no podria trabajar allí, porque ninguna compañía me cubriría con mi enfermedad. Me tendría que ir a Medicare, que cubre hospitalización pero no tratamiento… y me arruinaría.

Allí, la gente que no tiene ningún seguro, que es más del cincuenta por ciento de la población americana, no tiene opcion a acceder a tratamientos para el cáncer, o para una enfermedad crónica.

Aquí, la gente se queja porque tiene que pagar la mitad de sus recetas, o porque ahora el INSS se mosquea cuando en una cartilla de un abuelo, hay metidas siete u ocho personas. Personas que no se sonrojan cuando piden el tratamiento contra el acné juvenil con una receta roja de jubilado.

Hace relativamente poco, alguien me contaba (en los Estados Unidos) que estaba muy preocupado porque le habian despedido, y por tanto su sindicato y su empleador, ya no le daban cobertura medica, ni a el ni a su hijo. Su hijo esta enfermo y gasta al mes, más de mil dolares en asistencia hospitalaria y otros tantos en medicinas, que tienen que pagar íntegramente. Estaba desesperado, mi hijo morirá. Y así es… Y nadie hace nada por evitarlo, porque no le dejan los holdings y los lobbys y su…

Por eso, yo que le debo la vida al mejor sistema nacional de salud, me atrevería a decir del mundo, me pongo nerviosa, furiosa mas bien, cuando la gente piensa que esos derechos son suyos, y que ahora que viene mal dadas y los están reduciendo, les «están robando algo». No señores, este sistema hay que cuidarlo, porque, aunque un pensionista pague 20 euros al mes de medicinas cuando le  recetan por valor de mil, no pasa nada… ¿o es mejor pagar los novecientos veinte restantes como en el tan alabado sistema de salud americano?

Es mejor pagar la mitad de una caja de ibuprofeno que arriesgar tanto y acabar por pagar un tratamiento de quimioterapia.

Esos médicos y esas enfermeras malhumoradas después de turnos interminables y guardias de veinticuatro horas, les estan atendiendo lo mejor que saben con los peores sueldos de Europa. No deciden cuando se opera usted o porque el sobrino de su vecina que esta mejor que usted se opera antes. Vayan a su conselleria a quejarse… o al ministro de sanidad…

A mi en mi farmacia habitual me hacen la ola, porque con la de medicinas que gasto solo uso un cinco por cien en recetas verdes. Solo en las medicinas caras y de las que pago un sesenta por cien, si me ha pasado de un treinta que pagabamos todos, a la aportacion máxima, y he pasado a gastar cero por cien en recetas verdes. ¿Que soy idiota? Bueno… prefiero que en casos de gravedad me paguen al cien por cien el tratamiento de mi enfermedad. Una suma escandalosa, por cierto. Mis compañeros de fatigas siguen usando recetas en las farmacias.

Si yo tuviera que pagarme esas medicinas… no llegaría nunca a comer…

Los abusos a nuestro sistema sanitario son absurdamente obscenos. Tampoco la gestión política del mismo es muy brillante, no necesitábamos un hospital nuevo en Valencia…

Solo quiero que se planteen antes lo que tienen que lo que les quitan…  y que aprendan a apreciarlo en su justa medida. Miren a los profesionales que les atienden como víctimas y no como verdugos… esos muchas veces visten de traje, y son de color rojo y de color azul. Que en todas partes cuecen habas.

Compren medicinas en las farmacias y productos en las ortopedia, sin pararse a pensar lo que les ha quitado el gobierno, piensen que están invirtiendo en su bienestar, y gasten en eso en vez de… en ropa o en irse a cenar…

Porque si se ponen ustedes enfermos, o si tienen un parto dificil o su niño viene con problemas…los hospitales y seguros privados se los quitaran de encima de un plumazo. Un hospital publico pondrá todos los medios para salvarle la vida. Siempre.

Y yo seguiré esperando gustosa en las salas de espera, a que me atiendan los mejores médicos del mundo, cuando puedan. Porque se que en ningún sitio estaré mejor cuidada. Y cuando me dejen cuidar a mi, estaría muy orgullosa de trabajar para él.

Un comentario en “CON EL CORAZON EN LA MANO II”

  1. Cierto, lamentablemente la mayoría de las personas no piensan así, opinión qué comparto contigo, a Miguel también le salvaron la vida en un hospital público.

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