EL MIEDO A LA VERGÜENZA

La vergüenza… es una gran desgracia. Yo personalmente tengo muchísima vergüenza, pavor patológico al ridículo. Tanto que jamás he  soportado hablar en público, una vez me entrevistaron en la radio del Alto Palancia, y todavía lo recuerdo con espanto. Me gusta la fotografia pero no salir en ellas, por eso siempre cojo la cámara, y parece que nunca viaje… soy el narrador omnisciente… y no digamos nada de disfrazarse… creo que me disfrazaba de pequeñita (una vez me disfrace de china en el pueblo… y cuando veo las fotos, me estremezco de pensarlo). No se cuando me entró la vergüenza, pero lo hizo para quedarse..
Sin embargo, dicen que caerse puede ser la mayor humillación que puede sufrir una persona y curiosamente, a mi me es indiferente, incluso le saco punta al asunto…
Hay personas con facilidad para caerse…yo no, yo tengo un master MBA por la Universidad de Los Torpes, y lo hago valer allá donde voy. Porque yo lo valgo, si señor. Quién no debiera caerse nunca, por los efectos secundarios de la caída.
Veamos, recórdais esos tapajuntas que sobresalen un poquito… apenas nada del suelo de vinilo o moqueta ¿verdad?… pues érase una vez que se era, una adolescente (de esto hace años ya, nadie piense que me los quiero quitar) que fue a por la prensa, y al volver corriendo al coche de papá, se tropieza y tras vuelo sin motor, en forma de elipse perfecta cae de rodillas al suelo, extasiada ante Isidoro, el papá del Corte Inglés… con todos (tantos como ocho) los periódicos cayendo alborotados a mi alrededor y la tanto añorada Super Pop en mi cabecita loca.
Otra vez que nevando estaba, yo tenía que bajar la cuesta de la plaza de El Toro,si la que va a casa de Maria del sastre, y despacio, despacio, porque iba pensando en que si no tenía cuidado me iba a (onomatopeya de caida como fiuuuuuuuu) resbale como en los tebeos pisan un plátano y me quedo sentada con el trasero en la nieve. Mis amigos los pobres, seguro que lo recuerdan, se quedaron blancos, hasta me oyeron explotar en una carcajada rayando en el ataque d risa.
Otras muchas,más o menos divertidas me han pasado como caerme de culo en una acequia, o resbalar en una capa de nieve helada, y no poder levantarme en diez minutos, porque cada vez resbalaba más, o mil y una más
La última:
Maribel en el bautizo de Sofía en Génova (mi sobrina)
Un vestido negro, monísimo y unos tacones respetables, el vestido tenía vuelo por cierto, va por encima de la rodilla.
En el restaurante, en una bella terraza se rinde Génova a nuestros pies, vamos a admirarla, pues vamos, vamos a mirar el horizonte. y allí que fui con mi cámara nueva a hacer fotos. Vamos a ver, y viendo iba, pero el horizonte de la Liguria. El suelo no tenia importancia.
El escalón que tan escondido andaba, se enfadó porque no lo miré, e hizo que el suelo desapareciera bajo mis pies. Tras infausto vuelo, donde anduve pensando, cuidado con la cámara, que te caes, aterricé en mi lado izquierdo, con la mano haciendo de frontera entre la misma y el desastre.
Resultado: vestido más arriba de lo decente, lo de abajo arriba y lo de alto, abajo. Mano despellejada, cadera y tobillo haciendo compañía. Cámara intacta. Yo caí ante Genova… y no al revés.
De todo esto saco cinco conclusiones, a saber, primera
Soy torpe irremediable y
Tengo ganas de llamar la atención allende los mares y
Es buenísimo reirse de una misma, además
hay que mirar al suelo y sobre todo
Avisar con la suficiente antelación como para que me graben en video, y subirlo a YouTube, estaría forrada si lo hubiera mandado a «Videos de Primera», porque seguro, que hubiera ganado. No se si habrá un récord para eso…
En fin… hasta la próxima y la vergüenza, para otras cosas