¿QUIÉN QUIERES SER, ENFERMERA?

Llueve, y mucho, además.

El otro día, no hace mucho, y a raíz de un ingreso de un familiar directo a la par que adorado; me planteé porque algunos de mis compañeros y algunos médicos de especialidades varias, se guardan la humanidad en un cajón de aquellos que nunca vuelves a abrir.

¿Qué es esto de la medicina de números de cama o de historia clínica? ¿O eso de diferenciar a los pacientes ingresados según su patología?

Pero oye, ni tan mal. Total, cogen el alta y se van, ¿no?

Es como si… a mi me conocieran por “nariz grande que lee manuales” tiene turno esta noche.

Pero bueno, no seré yo quien los juzgue, ni a ellos ni a sus motivaciones. Solo apuntaré que el cuidado de otro ser humano, merece mucho más que eso. También será de justicia señalar que  muchos profesionales y compañeros de este centro, son ejemplos, del cuidado y la humanidad, a seguir. Lo malo es, que una mancha siempre destaca más, e inevitablemente, salpica al resto.

Pero todo ello me ha hecho pensar en quien quiero ser yo, y qué cuidadora me gustará ser.

Como dije ya en un post anterior, quiero y necesito ser una enfermera de cama, en la extensión más amplia del término.  Entendiendo cama, siempre, como sitio donde el paciente se encuentra en el momento del cuidado; en el momento en que el paciente se sienta vulnerable y necesitado de “oreja y corazón”, de una mano que acompañe, de un corazón que entienda, de humanidad compartida.

Una cama en una sala de hospitalización, una camilla o una silla en una consulta de primaria… su domicilio… (he dicho que la UHD…es muy guay) las consultas, la mesa de un quirófano o la cama de UCI; u hospital de día…

Quiero ser una enfermera que se guíe por el corazón, pero también necesariamente, por la eficacia, las ganas inagotables de trabajar, y la evidencia científica, de buscar y aplicar el mejor cuidado a cada paciente, de la cabeza a los pies, y acompañarlo en su dolor y en su alegría de curación, en su aceptación de la muerte, en su camino de enfermedad.

Quiero ser una “Federico Palomar” que es muy listo, muy estudioso y sabe tanto como cinco enciclopedias sobre las heridas de todo tipo… pero aparte de brindar excepcionales cuidados; es de una humanidad y de una generosidad interminables, con su tiempo y con su corazón. Doy gracias por que me lo haya encontrado en este bello camino.

Quiero ser también un Quique Saez, al que, nunca conocí en su larga etapa asistencial, pero habla con tanto amor de sus pacientes, y de la profesión, que debió ser una fuerza de la naturaleza. Quique además, me ha enseñado a entender la muerte como una parte más de la vida y a no darle la espalda. Y muchas más cosas, como que la fisio- patología es divertidísima.

Quiero ser un Rafa… si Rafa. Ese enfermero que me inspiró desde bien pequeña a ser lo que soy ahora. Él que sabía el nombre de todos los enfermos de toda la Unidad de Coagulopatías Congénitas de La Fe, toda su patología y lo que le sentaba bien o mal a cada uno de nosotros. Eres mi héroe Rafa, desde bien niña, vuelve pronto por favor…

Quiero ser Gemma, del Q23 de la Fe. Que instrumentaba cualquier cosa por compleja que fuera, hablaba con los pacientes, les cogía la mano o bromeaba con ellos. Enseñaba a la estudiante pesada que no hacía más que preguntar,  y que hacía que el quirófano fuera como la seda… pese incluso a los cirujanos… Y todo además con una sonrisa tan dulce… muchas risas y muchísimo buen trabajo.

Y quiero ser Laura, mi Laurita, que me enseñó que la primaria de adultos era maravillosa (La primaria pediátrica me la enseño Silvia y no me quería mover nunca de su lado); me enseñó que las “motoretas” trabajan bien juntas y aunque tuviera la agenda a reventar, nunca había que ver a un paciente “por encima” y que cada uno merecía sus palabras de aliento y el tiempo necesario. Y que las motoretas también nos adaptamos a un bombardeo.

Y quiero ser mucha más gente, pero ellos son mis pilares enfermeros.

Y quiero no ser, mucha más gente aún. Pero los malos profesionales te enseñan a ser mejor aún. Solo resta no rendirse. Ir a la excelencia en el cuidado y en la humanidad.

Quiero ser conocida con cariño por mis pacientes, que me transmitan con la mirada que confían en mí, ese es el mejor premio para mi corazón, y además una vez conseguido esto, lo demás llegará mucho más fácilmente.

Quiero ser capaz de explicarles desde el corazón y con la cabeza, qué es lo que les pasa y cómo pueden auto cuidarse. Al fin y al cabo, yo estoy donde estoy porque alguien lo hizo conmigo y lo hizo fenomenal.

Aspiro a no ser, jamás, una enfermera mercantilizada.

Quiero poder transmitir que pese a la enfermedad, o quizá incluso gracias a ella, se pueden hacer cosas grandísimas y mucho bien al mundo y a uno mismo.

Gracias a todos, los buenos y los no tanto, por ayudarme a ser parte de lo que soy.