¿Es el hombre un lobo para el hombre?

Aviso de que el año empieza fuertecito en el blog. Y la razón es que estoy cansada, un poco harta. Harta del dolor, y de la soledad que inevitablemente produce la enfermedad, que solo entiende la persona que lo sufre o que lo vive de muy cerca. Yo doy gracias por contar con mi marido, compañero y sufridor del proceso por el que estoy pasando. Pero a la vez sufro por él, me siento culpable por el sufrimiento que le transmito; al fin y al cabo, pienso, solo yo debería pasarlo tan mal, nadie merece pasarlo tan mal.

Así que, en la medida de mis posibilidades, de mi amor, y de mis inevitables e incansables ganas de vivir intento transmitirle tanto mi amor como mis ganas de sonreír y de vivir, pero sobre todo de luchar, incansablemente hasta que esto acabe.

Últimamente y sin poder evitarlo, me viene continuamente a la mente la frase «Homo homini lupus est», escrito originariamente por el escritor romano de comedia Plauto, y que fue popularizado por Hobbes, filósofo del siglo XVII. Hobbes da por básico el egoísmo en el  comportamiento de cada uno de los hombres; aunque cuando vive en sociedad, esta le hace mejorar su comportamiento para favorecer la convivencia.

Más tarde, Sigmund Freud estuvo de acuerdo con la afirmación de Hobbes escribiendo en su libro «Civilización y sus descontentos» una frase inquietantemente lapidaria; con la que estoy solo moderadamente de acuerdo

«Los hombres no son criaturas amables, que quieren ser amadas, que a lo sumo pueden defenderse si son atacadas; son, por el contrario, criaturas entre cuyas dotes instintivas se debe contar con una parte poderosa de la agresividad. Como resultado, su prójimo es para ellos sólo un ayudante potencial (…)Homo homini lupus. ¿Quién frente a toda su experiencia de vida y de historia, tiene el coraje de disputar esta afirmación?»

Freud

Tras estos dos párrafos me explico. Tranquilos los ofendiditos, y los alarmistas. Como dijo Elena Huelva, que ahora nos mira desde arriba; «mis ganas ganan», y eso siempre es así. Mis ganas de superar esta m…. y de volver a ser el terremoto que era, mis ganas del proceso de auto desarrollo que he emprendido, y mi capacidad inmensa de dar amor a los demás permanecen intactas. Y mi seguridad y capacidad de conseguirlo también. Quiero volver a ser luz, y de hacer cosas sin parar.

Pero, a menudo tendemos a centrarnos casi exclusivamente en nuestras vidas, que son… bastante complicadas por si mismas; cada cual con sus «mierdicas» que dice mi amiga Ali; ve la vida pasar volando frente a ellos. Todo perfectamente comprensible.

A veces pedimos ayuda, con suerte y la gente adecuada la conseguimos, arreglamos la situación… «y a otra cosa». Otras, tenemos un problema que no solo nos afecta a nosotros -en esa categoría estoy yo- y sin tener en cuenta lo que sienten los demás (yo soy más bien de complejo de culpa) nos hacemos bicho bola ermitaño y nos alejamos de los demás, al pensar que al ser nuestro problema… lo hemos de gestionar como mejor creamos… y la gente a la que salpica, da literalmente, igual. Muchísimas veces, tendemos a pensar que nuestro problema, nuestro dolor, nuestra enfermedad, nuestra quiebra financiera, desempleo…etc, es el más grave, único, especial y extraordinario del mundo; y que por tanto, nadie más que nosotros es capaz de resolverlo o siquiera de entender por lo que estamos pasando.

Mil y una razones y todas y cada una legítimas; para ocuparnos de nuestras vidas en primer y último término. Y por eso la alusión al Homo homini lupus. No porque nos ataquemos, no iba por ahí, sino por la defensa a ultranza de nuestro territorio, olvidando la indispensable, la vital, la inolvidable humanidad compartida. Tendemos tanto a defender el que consideramos nuestro espacio y nuestros «derechos», nuestra supervivencia; que nos olvidamos que, solos no podemos vivir. Olvidamos que, los problemas que sufrimos día a día los han sufrido millones de personas antes, e indubitadamente lo sufrirán otros tantos después de nosotros. Pero nos permitimos poner el problema ajeno, muy por detrás de los nuestros.

Despertemos por favor, abramos los ojos y miremos con los ojos del corazón, siendo conscientes, de lo que pasa a nuestro alrededor. Se que es difícil, porque hay mucho sufrimiento, pero a la vez podemos ver que no estamos solos. Y que si, en vez de encerrarnos en nuestro territorio y defenderlo con gruñidos de cánido, nos dedicáramos a compartir, el peso sería menor.

Aparte de la locución latina antes expuesta, otras «señales» me han asaltado estos días. Ahora mismo he compartido en mis historias de Instagram una frase que dice así «No es quien te extraña a las 2am, cuando está solo en su cuarto y no puede dormir. Es quien te extraña a las 3pm cuando se está riendo con amigos y piensa <<ojalá estuviera aquí>>. Porque es cierto, cualquiera te puede extrañar cuando está solo y aburrido, pero cuando te extraña en medio de una risa, porque contigo se ríe mejor, es cosa de otro mundo». Jo… con la frasecita, una verdad como un templo. Ultimamente lo que me hace saltar una lágrima siempre, es pensar justo en eso, lo que me gustaría compartir ese bello momento con …

Otra publicación que me ha conmovido hoy decía «(…). Un fémur roto que se ha curado es evidencia de que alguien se ha tomado el tiempo de quedarse con el que se cayó, ha vendado la herida, le ha llevado a un lugar seguro y le ha ayudado a recuperarse. Mead (antropóloga) dijo que ayudar a alguien más en las dificultades es el punto dónde comienza la civilización»

Y por supuesto la muerte más llena de vida que he visto jamás, la de Elena y su lección de vida, su lucha y sus ganas de vivir. Alma más luminosa hacía tiempo que no conocía, cuatro años seguí su vida…, leí su libro, y recé por ella cuando todo acabó. Gracias…

#misganasganan

En definitiva, todos sufrimos, unos por unas cosas y otros por otras, y todos son legítimos y respetables. Pero todos tenemos a gente que nos quiere, y que también sufre, a gente desconocida, que no nos quiere, pero a la que podemos confortar y ser confortados con los gestos más aparentemente nimios. No seamos lobos, no seamos «utilitaristas» de los demás. No pensemos que el prójimo ha venido para jodernos (con perdón) en cuanto pueda. Seamos humanos y compartamos, seremos más fuertes.

La soledad que me embarga a menudo, es precisamente por esto, porque siento que nos priorizamos tanto, nos rebozamos tanto en la flagelación y en el pensamiento de que nuestro sufrimiento es primero, que dejamos a los demás para «cuando tenemos un rato» y aprovechamos para recordarle lo desgraciados que somos. «Tu sufres, pero ¿y yo?, mira, mira lo que yo sufro.

Este último párrafo es para pedir disculpas por no ser este un escrito amable, pero tiene solución, solo mira a tu alrededor con atención. Vete de ti mismo por un rato. Perdón por ser un escrito largo… y GRACIAS. Me gustaría que estuvieras aquí para reír juntos. Y para transmitir que estoy segura de que pronto… estaré bien.