HOMENAJE A UNA AMIGA

Hoy es un día gris. El cielo llora…

Estoy presa de una enorme melancolía.

Pero ese es otro post. Este habla de amistad y es mi  homenaje a una relación de vida. En la «egosión» anterior dije «que no haría yo por un amigo» y es verdad. Yo soy muy rica, millonaria, en amigos. Tengo pocos, pero todos muy buenos.

Suelo decir que, amigos son aquellos que,  por los andares de la vida, pierdes de vista un tiempo; y al verlos de nuevo retomas la charla donde la dejaste. Sin reproches.

Son amigos aquellos que, por muy lejos que estén, no se separan de tu lado cuando los necesitas. Los que saben dejarte espacio cuando lo requieres, pero que están atentos por si fueras a caer.

Una profesora mía de la infancia, la que más me enseñó a ser fuerte y humana, Pilar; me dijo una vez que «Amigos son los que en los buenos momentos acuden cuando se les llama y en los malos momentos acuden sin ser llamados.»

Decía que yo soy muy rica en amigos y que los cuido más que al mejor tesoro. Porque los amigos puede que vayan y vengan; pero los de verdad siempre permanecen

Y ese es el homenaje que voy a hacer esta noche…

Todos mis amigos sabeis que lo sois, y os quiero.

Pero hoy voy a hacer un homenaje a esa niña que un lejano día de verano, se fijó en mi, una niña triste que jugaba con una pelota de «Los mundos de Yupi» en la plaza del pueblo, y que sin mucha ceremonia me dijo «Eh tu, ¿quieres jugar con nosotras?» 

De eso hace más de veinticinco años, y nunca nos hemos separado, o aun mejor, si que lo hemos hecho pero siempre hemos sabido que la otra estaba cerca.

Horas de risas, de fiesta, de estudio, de mil confidencias y de ningún silencio porque siempre teníamos algo que decirnos. También horas de lágrimas, de tristeza y de rabia; pero siempre encontrando una en la otra lo que necesitábamos: a veces silencios, a veces distancia, a veces solo un hombro donde llorar. Horas de amor, de incertidumbre. Porque vivir la vida así, juntas, hace que vivas experiencias dolorosas junto a una persona.

De dos fuimos tres… durante mucho tiempo, y a él también lo adoro… de forma un poco «peculiar» (quien nos conozca ya sabe que nuestro dialogo es harto difícil de entender al principio) y luego cuatro…y luego hijos… y si la vida se da como hasta ahora, nietos, claro que si.

Una de las cosas que más me gusta de nuestra amistad es que nunca ha sido absorbente, cada cual ha tenido sus círculos y nunca hemos interferido la una en los de la otra, y nunca hemos reclamado derechos de tiempo o espacio que no nos pertenecían. Yo estoy aquí, lo sabes, ven cuando quieras. ¿A qué santo tengo que limitarle yo nada a nadie?

Vamos a facilitarnos el camino cuanto podamos y para eso no hay que poner piedras en el que cada una elija, porque siempre hay senderos que los comunican.

Porque esta es una amistad que no pide nada pero que lo da todo. Su marido dice que nos parecemos mucho. Yo añado que más que eso, nos completamos muy bien. Ella es más «ardiente», más activa que yo, mientras que yo soy la más paciente.

Pero amiga mia, yo quiero decirte gracias, por decirme un día que fuera contigo y por dejar que me quedara. Aun nos queda mucho por vivir y no todo será bueno. Pero lo importante y lo bonito de la vida es saber que una amiga siempre va a estar ahí. Tu me lo has demostrado en momentos muy difíciles; espero haberlo hecho yo también. Mi mayor deseo es ver sonreír a tus ojos. Y para eso seguiré tus pasos. Para las buenas noticias como las de hoy… y para todo.

Como yo le decía a mi marido cuando no les veiamos mucho por cuestiones de agenda, verlos era como volver a casa.

A todos los que os sabeis mis amigos, os digo lo mismo; no hay cosa que me haga más feliz que veros felices.

Porque eso es la amistad, andar en los zapatos del amigo. De otro modo no sabes lo que siente.