LO QUE NUNCA HARÉ

Ruina, tristeza y soledad. La vida no se sostiene con una sola persona a tu lado. Esa persona tiene vida, sentimientos, problemas y dudas. Por mucho que te ame, no le puedes cargar con todos tus problemas. Al final siempre se cansa. Yo tengo a esa persona, a la más maravillosa del mundo, pero no es justo que el pague por lo que me hacen otros.

La destrucción masiva a la que estoy sometida sin derecho a réplica me está haciendo morir por dentro y no hago más que gritar en el desierto.

Mis hijos, pobres, están también pagando el pato de mi tristeza.

¿Saben qué? Me gustaría ser la reina de corazones y decir «¡que les corten la cabeza!, me gustaría ser un príncipe o princesa poderosa, o la reina de Gran Bretaña (pero sin sus horribles tocados) y poder decidir sobre las vidas de los demás, los que me hagan daño, a la cárcel, al destierro o a tomar de su propia medicina.

Me educaron en la creencia de que «el ojo por ojo y diente por diente» no era una actitud positiva; pero me educaron en tantas cosas… que luego resultaron no ser ciertas, en tantos principios bellos, que luego los educadores no respetan, que al fin y al cabo lo único que vale para ellos es aquello de «haz lo que yo diga pero no lo que yo haga»

Por eso yo, aquí, o donde me pidan, ante notario, o ante la reina Isabel II, o el rey Juan Carlos… (ante Urdangarin no) quiero hacer una declaración de intenciones respecto de mis hijos.

Mis hijos no son mis colegas, sino eso, mis hijos, y mi misión, la nuestra, es hacer de ellos unos hombres de provecho, cada uno a su modo, porque dos hermanos nunca serán iguales, pero tampoco mejores o peores. Cada uno tiene sus fortalezas u sus debilidades. No se puede decir que uno sirve para todo y el otro para nada, solo hay que saber mirar sin despreciar. Atentamente se puede ver como uno complementa al otro.

Pero también hay que buscar una camino para cada uno, ayudando a ambos a encontrarlo y a conseguirlo, a lo mejor uno es cirujano vascular, y el otro… es auxiliar de vuelo.

Lo único que tengo claro es que ambos por igual, quizá en lo único que serán iguales, es que tendrán las herramientas para triunfar, y todo nuestro empeño en que consigan aquello que ellos quieran ser en la vida, y no lo que nosotros queramos que sean.

Yo no puedo soportar la idea de que mis hijos algún día tuvieran que oír de nosotros que no sirven y que el otro es mejor. Eso te quita las ganas de vivir, mata la alegría de tu mirada.

Cometeré muchos fallos, eso seguro, nunca he sido soberbia. Pero nunca dejaré que un hijo mío se sienta por debajo del otro, y sobre todo jamas se lo diré, porque a continuación me arrodillaría ante ellos pidiendo perdón, para luego cortarme la lengua.

Los padres no somos perfectos… pero yo se lo que es ser golpead por una afirmación que es falsa y sobre todo… la más cruel…

Gracias papás por enseñarme lo que nunca he de hacer con mis hijos.

 

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