NO HAY MUROS MÁS ALTOS QUE EL CIELO

Pieza escrita, cual interpretación a piano, a una sola mano.

La otra la izquierda, la tengo fuera de uso por una buena temporada. Pero no importa, puedo vivir, soñar, reír, sufrir, escribir, llorar,  estudiar, con una sola mano, puedo cuidar y querer con una sola mano; vivir la amistad con la diestra, caminar y pensar sin ninguna.

No puedo hacer nada de esto sin dos cosas.

 

Sin sinceridad ni corazón no puedo ni respirar.; porque de ambas cosas depende todo mi mundo. Lo mas importante para mi son las personas a las que amo. A las que no miento, e intento no hacer daño; pero si han de oir una verdad, la oirán, porque en la verdad está la sabiduría, la conciencia, la realidad. La pregunta puede ser quizá, si realmente hace falta ser cruel para decir la verdad, si hace falta hacer daño; si es imprescindible no respetar al otro cuando reacciona mal ante una verdad que le duele; porque las verdades muchas veces, es lo que tienen, que producen dolor. Un profundo dolor.

La mentira es algo que detesto profundamente, y las pocas veces que miento, por necesidad, o a veces por desidia, me doy tanto asco a mi misma que acabo siempre por decir la verdad, antes de que la mentira me engulla. Adoro dormir con la conciencia limpia de quien no hace daño con dolo y de quien dice la verdad.

Esta semana en la facultad, he recibido una clase… magistral. En antropología de la Facultad de Enfermeria de la UCV, Pilar Medrano escribió «Literalmente: apostar por lo que el hombre tiene de animal o por lo que tiene de racional. Apostar por el egoísmo o la generosidad. Elegir entre una vida vivida o una vida arrastrada. Optar entre vivir despierto o vegetar. Empeñarse en realizar nuestros mejores sueños o masticar nuestros peores deseos. Pasar los años envejeciendo pero sin madurar o esforzarnos por madurar sin envejecer. Saber que –como decía A. Dumas- “el hombre nace sin dientes, sin cabello y sin ilusiones y los más mueren sin dientes, sin cabello y sin ilusiones”, o levantar tercamente la bandera de las ilusiones y saber que podremos perder todo menos el entusiasmo»

Yo quiero madurar, y no envejecer, y no por hacerme fisicamente vieja, o por tener arrugas en la cara, o canas en el pelo, o por tenerlo níveo; que en fondo me gustaría, así como mi abuela María. No, lo que yo no quiero es hacerme mayor

Mayor en un sentido despectivo, peyorativo, pensar que por ser mayor alguien se merece pleitesia porque su palabra sea ley; yo no quiero ser una perosna mayor al que se le olvidó un dia la empatía; un mayor a los que todo se le debe consentir porque en «sus tiempos» fuera distinto. ¿Mis tiempos?

El mio acabará el dia que mi cabeza o mi corazón se apaguen para siempre. Y por eso no quiero hacerme vieja, porque quiero saber acomodarme a mi tiempo, sabiendo que el maravilloso mundo en el que vivimos cambia a cada instante que pasa, porque gracias a eso, ya no estamos ni en la Baja Edad Media, ni las mujeres llevamos cilicio; o peor aun, por ser un drama actual, no llevamos burka.

Mis hijos crecerán y yo querré haber cambiado lo suficiente y a su ritmo, ayudarlos a crecer y crecer yo con ellos; porque nunca hasta el dia que me muera, dejaré de pensar, de cambiar y de creer en el cambio, porque si no cambio, si no me adapto pasaré a ser una planta muerta, o un maestro frustrado que solo sabe apelar a su autoridad en el aula, sin más argumentos que la edad.

Y para eso, tambien de acuerdo con Alejandro Dumas, yo deseo tener ilusion por la vida hasta que exale el ultimo aliento, sueños, metas, voliciones, proyectos; Yo podré morir calva y sin dientes, pero no dejaré quenadie me arrebate mis ilusiones, jamás, nunca en mi vida.

Y cuando me tope con un muro, miraré hacia arriba, no para ver cuan alto es este muro, sino para comprobar, una vez más; que el muro sigue siendo más bajo que el cielo, y mis limites están allí, en el cielo; por tanto no habrá muro en este mundo que nunca pueda saltar.

Como dirian en Fama, para tener exito habrá que llorar, que sufrir y sudar, pero al final, se encuentra ese éxito.

También digo, como no, que «Si un minusválido no es capaz de ganar una carrera con sus muletas, será únicamente por su culpa» Eso me lo aplico a mi misma; lo que no he conseguido es solo por mi apatía; por haberme dejado acomplejar por distingos ajenos, que no se corresponden con la realidad; pero que me han aplastado durante años como una pobre insecto.

Pero eso se acabó y ahora he empezado mi verdadero camino, o lo empecé al buscar y lograr contra viento y marea a mi maravillosa familia, cuando nadie daba un duro por mi, por nosotros, y mucho menos porque pudiéramos tener algun día hijos tan maravillosos como los que tenemos.

Pero eso no importa ya. Como tampoco importa que muchos no crean que nunca llegaré a ser enfermera: repito que no hay muros más altos que el cielo, ni fuerza más fiera que la voluntad. Y ya no lo hago por darles en los morros, que también, sino porque he de seguir mi camino, y no hacerme nunca vieja. Yo empiezo a vivir ahora.