OTREDADES

Las verdades de los otros, mejor dicho de tu otro, de tu contrario, de tu pareja.

Esta palabreja por supuesto no existe. La licencia es de Joyce Carol Oates, en «Memorias de una viuda» cuando va descubriendo otredades de su marido difunto.

No hace mucho una amiga, bastante celosa por cierto, me dijo que una pareja no debería tener secretos entre ellos. Estoy absolutamente en desacuerdo con esto.

Toda persona debe tener una parcela exclusivamente suya, una pequeña parcela se sentimientos, de pensamientos, de ideas, que lo hagan individual, distinto, único, porque como nuestras huellas dactilares uno no debe ser igual a otro, ser absolutamente transparente.Todos hemos tenido una vida anterior, llena de sentimientos y de experiencias que nos pertenecen solo a nosotros y a nadie más.

Cosas de familia, de parejas anteriores,secretos compartidos de una tercera persona, o sentimientos de odio o de amor con tu familia, todo eso, todas esas sensaciones son tus verdades, las que te han hecho lo que eres ahora, sin las cuales no podrías ser tu mismo, sino otro, que quizá no le gustara a tu pareja,

Naturalmente, no me refiero a secretos que incluyan infidelidades en la pareja presentes, pasadas o futuras; tampoco a engaños sobre el trabajo o sobre el dinero, o sobre los hijos, o sobre esas miles de cosas que conforman la cotidianidad de una pareja. Eso son mentiras o traiciones y eso no se puede disculpar.

Me refiero a otredades, que conforman la personalidad de aquel al que amas, que a nadie le importa más que a esa persona.

Ayer decía que el amor es darse, pero el amor es también confianza en el que se ama, confianza absoluta. Porque una relación que se pretende duradera no puede sostenerse en unos cimientos llenos de poros en el hormigón, repletos de desconfianzas.

Cuando una persona llega hasta ti, vamos a ser sinceros, no te lo cuenta todo, ni tu a ella tampoco, por supuesto que no, pero siempre se pretende saber todo del otro.

Yo con otras parejas de amigas y amigos siempre he tenido prejuicios, siempre he dicho -mira con lo que hizo este, seguro que lo vuelve a hacer- o, también al contrario -Fulanita, con lo ligerita de cascos que es…

Siempre me he preciado de saber rectificar si no tenía razón, la gente puede cambiar, y las circunstancias de su vida pasada, solo las conoce la persona que las vivió ,¿quién sino ella, puede saber lo que la condujo a comportarse de una manera y no de otra?

Cada persona tiene el derecho de tener una parcela de su vida acotada, y decisión suya será si la quiere compartir con su otro, o no hacerlo, porque solo ella sabe si compartir eso puede causar dolor en si mismo o en el otro.

Puede que quizá un hecho pasado inocuo, se transforme en tragedia, al magnificarlo el presente.

Incluso si la cuenta en algún momento, la otra persona depositaria de esa confianza, de esa confidencia, no debe hurgar en la llaga, o buscar más allá de la frontera que se te ha ofrecido, porque si intentas traspasarla, quizá se cierre para siempre.

Mi corazón es mío, y aunque yo peque de cierta diarrea mental hay parcelas que se quedan estancas en mi alma.

Las otredades de los demás, de tu otro, son solo eso «verdades del otro» que deben quedarse así.

De nuevo insisto en mi suerte, porque entre mi marido y yo solo hay sitio para la confianza y el espacio, no para la mentira pero siempre para la intimidad. Preferiré equivocarme por exceso de confianza en él, que vivir pensando en la posibilidad de ser traicionada. Aun así lo conozco mucho mejor que aquellos que se precian de conocerlo.

Esta egosión no es autobiográfica, ni siquiera referida a alguien en concreto, solo se debe a la impresión que me produjo la profundidad del término «otredad» Si respetamos las otredades del otro (valga la redundancia) quizá vamos a ser más felices e incluso conozcamos más de la persona que tenemos a nuestro lado que intentando hacer prospecciones en su alma…