¿QUE TE PASA, MI NIÑA DE OJOS TRISTES?

Miro mi cara en el espejo, profundas ojeras surcan mi cara, y mis ojos están apagados, cansados, muertos.

-¿Qué te ocurre, niña de ojos tristes?

Eso es lo que cada día me pregunto, y día a día se cuáles no son las respuestas a esa cuestión; aquellas cosas de la vida real, cotidiana que me pueden preocupar, pero no le quitan la vida a mis ojos.

El tiempo ha pintado las calles del mismo color y me defiendo de la tristeza con una sonrisa de amor. Falsa como la falsa moneda, tan solo cuando mis ojos se encuentran con los suyos, con esos tres pares; mi sonrisa vuelve a brillar y la moneda recobra su valor.

Cuando me encamino somnolienta cada día a las aulas, se abre una puerta de futuro ilusionado frente a mí.

Quiero escuchar mi voz cantando en un mundo mejor y quiero encontrarme sonriendo a la vida si no me sonríe ella a mí… Igual que el mosquito más tonto del enjambre, yo sigo la luz aunque muera quemada; sigo a la vida, como les siguen los puntos finales, a todas las frases suicidas que buscan su fin.

Busco la luz y la vida, para que le den un poco de su esencia a mis ojos, y de nuevo pregunto a mi reflejo,

-¿Qué te ocurre, niña de ojos tristes?

Me callo porque es más cómodo engañarse, porque ha ganado la razón al corazón. Porque prefiero seguir desangrándome por una herida, séptica incluso, antes de pararme y caer. Ellos lo hacen, con un bisturí infectado de indiferencia de rabia, de egoísta altruismo. Del que viven para que todo el mundo sepa que son ángeles… que me destruyan con su patética indiferencia, con su despectivo olvido…

Niña de ojos tristes, vuelve a sonreír por mí y haz que ese par de ojos verdes sonrían,  de una escalera a la luna quizá de un mundo que no deje nunca de hacernos soñar.

¿Soñar en qué? En estar lista por la mañana para cuidar a los demás, en darles a las tres personas más importantes de mi vida, las que me quieren como soy y por lo que soy; pero también me quieren por lo que no soy.

Soñar en un mundo en que no me tengan envidia y a la vez compasión; amor y odio, que me traten como a una igual, y por eso, niña de ojos triste hemos de cerrar esos ojos, y al abrirlos tu ya no estarás, y solo yo lo haré; luchar por el mundo en el que quiero estar. Aquí o lejos tal vez.

Un mundo donde todos somos distintos e iguales, donde no hay falsas promesas que se incumplen por sistemas, donde la mentira como cualquier falta se perdone. Donde las faltas y su perdón sean reciprocas, si yo puedo tu puedes, si tu lo haces yo lo hago; como la mosca que se quema al seguir la luz.

Un mundo donde la niña de los ojos tristes no esté porque no haya lugar para ese reflejo de mi misma. Y no lo habrá en un mundo que mire dentro de mí, y no a través de prismas tan extraño como los espejos deformados… quizá por la culpa, quizá por el rencor o quizá por la compasión.

¿Qué no habéis entendido nada? Mucho mejor. Eso es que en vuestro espejo no os miran ojos tristes.