Reflexiones desde el aislamiento, una mirada de esperanza

Estamos viviendo algo inimaginable hace apenas veinte días; algo que no habíamos visto nunca en este país, ni en Italia…; y da mucho miedo, sinceramente.

El CoVID-19 ha cambiado en la mayoría de los casos la forma de ver y apreciar la vida a muchos españoles. Los españoles que, además somos una sociedad que mira más hacia fuera que hacia adentro; que vive en la calle y que abrazo sin parar, que besa, que se da la mano mientras se aproxima; que en los pueblos nos juntamos en las calles en cuanto asoma el sol y en las ciudades nos agolpamos en bares y restaurantes a celebrar lo bueno y lo malo. A todos nos han arrebatado de pronto el contacto, el saludo, el beso y… el bar. Y eso pesa mucho

Pero todo esto es vital para nosotros, para que, como hoy en China se produzcan 0 contagios, en vez de 4.000 como hoy en nuestro país. En esencial el aislamiento y no hay alternativas conocidas.

Esto, nos está brindando oportunidades que ahora quizá no sabemos apreciar. Conocer mejor a nuestra familia y a nosotros mismos, vivir hacia dentro un tiempo…; ordenar lo que siempre dejamos porque no tenemos tiempo, y a hablar de aquello que no queremos; de leer lo que no hemos leído y de ver las pelis o series que nos hubiera gustado ver.

No creo que pueda olvidar que el día de mi 41 cumpleaños decretaron el estado de emergencia. No me dejaron ir a cenar y eso, hace 6 días que parecen 6 meses, me pareció una ofensa… cerraron bares y restaurantes, colegios y universidades… y la gente se lanzó a comprar papel higiénico como si, misteriosamente y por causa desconocida fuera la solución a la pandemia.

Las medidas se tomaron tarde y mal; pero hay que jugar con las cartas que tenemos. De nada sirve lamentarse o reprochar nada a nadie. Al Gobierno ya le ajustaremos cuentas en las urnas… si hay que ajustar algo.

También ha salido a flote la mezquindad de algunos, que, por puro egoísmo y quiero pensar, pánico irracional, se han llevado comida sin control, y han empujado a ancianos para llevarse la última bandeja de pollo. Hubo gente que se llevo latas de conservas para sobrevivir a una guerra… de 100 años; hubo otros que se atrincheraron en casa llevados por el pánico o no sé que información, con argumentos… en fin.

Hay que fijarse en lo bueno, en la unión que, incluso en la distancia sanitaria de los balcones se ve día a día en pueblos y ciudades; en forma de canciones, de aplausos para todos los que están, estamos o estaremos en primera fila del contagio. Cada día los ciudadanos buscamos luz entre las tinieblas en las que estamos, y que se hacen a menudo cuesta arriba; cuando eso te pase… escucha la música. Esta de aquí, por ejemplo, la interpretan cada noche en Mislata tres músicos cada día (uno de ellos, conocido cercano de mi infancia), y transmiten alegría y luz con su canción cada noche. Otros hacen rutinas de ejercicio, otros pasan recetas…

Vamos a aprovechar que han venido mal dadas para sacar algo bueno de ello.

Conozcamos mejor a nuestra familia y pasemos con ellos, ese tiempo por el que siempre suspiramos, ese tiempo que nunca tenemos. Esos platos que no sabemos cocinar, ese libro que no podemos leer o ese curso tan curioso que siempre quisimos hacer.

Yo por mi parte, he dejado los refrescos y estoy haciendo deporte, ahora mismo pero 4 kilogramos menos que al principio del aislamiento y me siento más fuerte que nunca… leo mucho y veo series… cuando no trabajo.

Lo que quiero decir es que no dejemos que cunda el desánimo, que dejemos de escuchar vídeos o audios incluso; de médicos, pseudo médicos, matemáticos, médicos influencers que hablan a chillidos… escuchemos los partes oficiales cada día y hagamos caso.

Nos queda mucho de aislamiento y si nos dejamos influenciar por catastrofistas, nos volveremos locos. No hablo de esconder la cabeza, sino de mantenerla fría, porque nos quedan días, muchos, duros. Así que busquemos el arcoíris en la tormenta y ocupemos la mente en cosas que nos hagan felices.

Para mí el contacto físico es particularmente importante, así que pienso en el día en que pueda ofrecer mis manos sin miedo a mis pacientes… en el que pueda sonreírles y vean toda mi cara..; el día en el que pueda abrazar a mi familia, a mis padres, y a mis personas hogar, que pueda tomarme un vino con mi vecina rubia particular… en definitiva… espero a que el mundo vuelva a su lugar.

Pero hasta entonces seamos felices… todo lo que podamos…