¿Seguimos soñando?

Sigamos soñando con el corazón

Voy en mi bicicleta con mi dron, recorriendo la praderita verde con amapolas de marras… si, la que describí en el post anterior. No llevo bata de cola, porque entre los pedales y mi torpeza ya por todos conocida; seguro que me tropiezo y me rompo la nariz, más que nada es una cuestión de probabilidades… es lo que más sobresale de mi personalidad facial… y aunque es una nariz feota de familia, ¿qué queréis que os diga? Me he acostumbrado al punch de personalidad que me otorga.

Pero, aunque no lleve bata de lunares, me siento artista… y voy buscando el atardecer perfecto, de esos en los que los últimos rayos de sol parecen arder entre nubes que son blancas como el algodón de antes. También en ese sueño esa pradera conduce al mar…, porque el sueño es mío… y traslado al Mediterráneo un paisaje más cantábrico que otra cosa.

En mis auriculares suena The Best con la voz de Tina Turner, que da más vidilla que el café de la mañana. Sería el final de un día perfecto; y por eso llevo aún mi pijama de enfermera, que da caché que un modelito de lentejuelas… porque vengo de salvar piernas…. 

Las piernas molan un montón, porque suenan a música celestial, mis manos se mueven como una coreografía perfecta que ni Nacho Duato en el Ballet Nacional. Las guían miles de horas de estudio y experiencia en tratar y vendar, y sobre todo reconfortar las almas de esos pacientes con piernas heridas. Consolar al paciente es el colofón de mi sueño profesional. Porque las enfermeras técnicas nunca debemos dejar de lado que esa es nuestra meta, gastar la misma energía en cuidar heridas físicas que en proporcionar bienestar y esperanza.

Siempre hay que coger sus manos y mirarlos a los ojos, reconfortar su alma

Y así, con la fuerza de los mares y la energía de un misil, llego con mi bici a mi destino y empiezo a hacer volar el dron para atrapar la más absoluta belleza y poder del atardecer como una urraca se lleva sus tesoricos al nido. 

Una vez conseguida mi segunda meta del día me tumbo con el viento alborotando mi melena de Rapunzel, siempre tan bien peinada… (repito que es mi sueño, y me imagino mi pelo como me sale del… alma, que he ido a un colegio de pago, y aunque diga muchos tacos siempre me gusta disimular). Y allí, sintiendo toda la fuerza de la naturaleza, me siento más viva que nunca. Porque allí me hago tan fuerte como el viento y el mar… me siento increíblemente todopoderosa.

No creáis que estoy flipando… estoy desarrollando un sueño bonito, que mola más, seguro, que fumarse un poquito de marihuana de la buena, o eso imagino vaya… que no es que lo haya hecho nunca… Aquí se funde la imagen en negro y suenan carcajadas enlatadas.

Y allí tumbada me siento en paz y sin dolor físico… nada me perturba…

Y aquí empiezo a soñar dentro del sueño, que es como hacer un doble tirabuzón y medio, carpado y hacia atrás, si es que tal cosa es posible, pero aquí todo lo es. 

Cierro los ojos y sueño con los libros que he escrito, best Sellers los dos, poca cosa; en uno cuento mi vida desde el inicio, pero logro adornarlos con muchos toques de humor, que a priori, resulta muy difícil de encajar pero oye, si me esfuerzo lo consigo; y además logro hacer un proceso de coaching para los lectores que “pa que”, como una especie de libro de auto ayuda, con mis propias experiencias, un muchito de amor y de humor, y un porrón de buenos consejos sobre lo que hacer y lo que no, sobre todo esto último, pero con una gracia que ni Ana Millán con su acidez y el poder de catarsis de Ana Albiol. En el otro (libro) os voy a hacer esperar un poco… no os lo voy a contar todo de una vez. 

Y oye, en el primer libro piso alfombras rojas (sin vestidos largos ni tacones, pero eso sí, peinada -la melena de Rapunzel- como la que más y maquillada por los que maquillan a las Pombo, que para poderío el de la autora de un best seller); lleno las firmas de autógrafos y me entrevistan en sus podcasts bestias pardas, digo, profesionales de sobrada solvencia en radio y podcast como Alsina, Enric Sánchez o/y Soy La Forte (¿os imagináis el PUN-TA-ZO?, felicidad sería poco) y ya para colmo de dichas, me nombra La Vecina Rubia en sus redes por mi perfecta ortografía…. 

Cuando despierto de este sueño, que tampoco veo irrealizable… a mi lado está no solo mi tribu, sino todos a los que quiero y estimo, y están a mi alrededor cantando el “Kumbaya” o yo que se… “La canción de la alegría”, y de pronto, todos ellos están sanos y felices. Me doy cuenta de que aún es el sueño dentro del sueño, pero oye… es tan bonito… que sonrío en paz en el sueño. 

Porque resulta que, tal como dije en el post anterior lo que más me mueve son dos cosas; una, la primera y principal, es que las personas a las que quiero sean felices y que no sufran, y en caso de hacerlo, sea poco, y de forma que les lleve a cosas mejores; la segunda, y no menos importante, es ser capaz de proporcionar paz y bienestar, a mis personas y a mis pacientes a pie de cama, ayudarles a sobrellevar el dolor. 

Quiero ser una enfermera que se guíe por el corazón, pero también necesariamente, por la eficacia, las ganas inagotables de trabajar, y la evidencia científica, de buscar y aplicar el mejor cuidado a cada paciente, de la cabeza a los pies, y acompañarlo en su dolor y en su alegría de curación, en su aceptación de la muerte, en su camino de enfermedad. Esto ya lo dije en un post hace mucho tiempo. Lo que sueño es que tengamos unos sistemas sanitarios que nos permitan llevar a cabo estos cuidados de forma humana, y con tiempo de tratar a pacientes como realmente merecen ser tratados, pero no tengo pruebas, pero tampoco dudas de que encontraré el camino para hacerlo realidad.

Me levanto de la pradera verde donde estaba tumbada con este sueño lleno de purpurina de colorines y me dispongo a partir a mi hogar, a seguir con mis incansables tareas; que tengo que redactar el guion de mi próximo podcast (para esto se ha cumplido ya el sueño del equipo necesario), cuando mis ojos, maravillados, contemplan el más claro arcoíris que he visto jamás, a lo lejos, fruto seguramente de una tormenta lejana.

El arcoíris de unicornios rosas

Y mi mente, gracias a la Vecina Rubia, se marcha hacia la paz que me proporciona el pensamiento que al final de ese arcoíris se encuentran las personas a las que la vida me ha arrebatado, “viviendo” en el cielo de las buenas personas y brindando con champán o sidra, que de todo hay, y donde no hay guerras ni discusiones. Pero también me da por pensar que al otro lado del mismo, podíamos estar nosotros, los de este lado del mundo, brindando por las alegrías, y olvidando por un ratito las penas; donde no hay rupturas, ni sacrificios, enfermedades, dolores, o enfados. Tengo, pienso, que encontrar el camino y la puerta que abra ese oasis de felicidad.

Bicycle parked on the way to the morning sunlight. And organic vegetable farms with mountains background. Copy space for text or article.

Pero, mientras tanto, deberé seguir repartiendo “píldoras” de bienestar y paz a los que me rodean; consuelo y fuerza para darles cuando lo estén pasando mal. Y sobre todo a intentar transmitirles que, aceptando la situación en la que están, en la que podamos estar todos en esta vida, pueden impulsarse a cambiar las cosas, dejando la frustración atrás. A Aceptarte. Si tu también te sientes mal y no disfrutas de las cosas por estar preocupado por el pasado o el futuro tan negro que asoma tras la próxima esquina… prueba a parar, respirar y abrazarte. Aunque no pases de ahí, seguro que te sientes mucho mejor.

Esta máxima me ha acompañado realmente en mi vida los últimos años, y me ha ayudado a sobrellevar las putadas de la vida y permitirme volver a soñar y pensar que, realmente, esos sueños pueden hacerse realidad, desde el trabajo duro, y la esperanza viva en que las cosas pueden cambiarse y los sueños cumplirse. Y por todo eso voy a seguir soñando. 

¿Quieres seguir soñando conmigo? Sería precioso que, de alguna manera, leyerais estas líneas y de la manera que queráis me hagáis participe de ellos, en el formato que desees; que hagáis participes de estas líneas llenas de esperanza y brilli brilli; para que, de alguna manera otra persona sonría, bien por la locura de esta grupi de los sueños posibles, bien porque quizá (otro sueño) pueda inspirarle en algo. 

Que como dice Pablo Arribas, hay que vivir de forma que te duela marcharte.

Y de nuevo a lomos de mi caballo blanco…, digo, de mi bicicleta que ya seré capaz de llevar con soltura; me despido hasta el próximo viaje a otro sueño.